Carta abierta al Señor Presidente por los desafíos del arraigo rural


Al Señor Presidente de la Nación
Don Alberto Ángel Fernández


                                                    El motivo de la presente misiva es considerar los distintos hechos y dichos que se suscitaron a partir de la muy desafortunada iniciativa del denominado “Proyecto Artigas”, con la toma de tierras en Entre Ríos, circunstancia que Usted, en su calidad de Presidente de la Nación, avaló al afirmar que “es una idea a tener en cuenta; no es descabellada”; agregando además, que con ello se recuperaría la “habitabilidad del campo”.


                                                    Lo cierto es que quienes vivimos del, por y para el campo argentino, el fenómeno del continuo éxodo rural no es una novedad, como tampoco lo es para casi todas las sociedades del mundo. El continuo avance tecnológico, la demanda de trabajo en diversos sectores productivos y de servicios, las oportunidades a las que se puede acceder en grandes centros urbanos en materia de educación, salud, confort, adquisición de bienes de distinto tipo y hasta de entretenimiento, por nombrar sólo algunos, resultan un faro que atrae a muchísimas personas que aspiran, legítimamente, a gozar de esos beneficios.

                                                   En nuestro país, esta tendencia tampoco es nueva, se fue acentuando de manera continua desde mediados del Siglo XX, y el fenómeno es de tal magnitud que hasta muchos ciudadanos de países limítrofes se asentaron en algunas de las grandes ciudades argentinas, en particular, Buenos Aires.

                                                   Hoy, el campo argentino necesita trabajadores con distintos conocimientos, desde los muy básicos hasta otros altamente complejos, para hacer uso de las nuevas tecnologías. Hay oficios que se van perdiendo. No es fácil encontrar alambradores, molineros y hasta gente que sepa y quiera trabajar con hacienda.

                                                   Las tareas rurales tienen su propio ritmo y su exigencia, y es necesario entenderlas y aceptarlas, así como al entorno difícil que muchas veces plantea el trabajo al aire libre, con la exposición al frío y al calor, a las lluvias persistentes y al sol implacable.

                                                    A la vez, hay una irrupción cada vez más intensa de tecnología, que llega de la mano de la genética en semillas, las nuevas prácticas agrícolas, maquinaria innovadora que requiere la hábil combinación de factores tales como las condiciones ambientales, la aplicación guiada por posicionamiento satelital para el uso ajustado de fitosanitarios y de fertilización, la producción por ambientes, gestión ganadera novedosa para la reproducción y la crianza, la recría y el engorde, todo de acuerdo al cuidado medioambiental y las buenas prácticas de manejo. Lo mismo sucede con cada una de las variadas economías regionales que encontramos en todo nuestro país. Representa un verdadero desafío para la gente de campo.

                                                   Tal vez, la pregunta que se deberían responder nuestros gobernantes es: “¿Cuál es el motivo por el cual la gente del medio rural deja su lugar de origen y se va hacia la ciudad?”. Otra, tal vez, sería: “¿En qué podría contribuir el Estado para que la gente quiera quedarse a vivir y a trabajar en el campo?”.

                                                     La primera respuesta es que en el campo y en las pequeñas poblaciones rurales no se encuentran las mismas posibilidades de desarrollo y de confort que en las grandes ciudades. No hay buenos caminos, ni buena telefonía e internet, la oferta escolar es escasa y la atención de la salud es inexistente cuando se requiere de una mínima complejidad. Faltan también viviendas de calidad razonable y la posibilidad de que los jóvenes encuentren respuestas a sus naturales inquietudes culturales y de formación media y superior, así como el acceso a cuestiones que pueden parecer triviales pero son esenciales para ese momento de su vida, como el entretenimiento y la diversión. Y las luces de la ciudad son siempre más brillantes y encandilan mucho más.

                                                     El Estado, por su parte, puede hacer mucho. Por ejemplo, generar las condiciones para que todos los aspectos detallados más arriba puedan ser abordados y solucionados. Que la igualdad de oportunidades sea para todos los habitantes de la Nación y que no queden supeditadas a un discurso político ni a la distribución de fondos dirigida a quienes viven en la periferia de las ciudades y proveen los votos necesarios en las elecciones.

                                                    Seguramente, si parte de los recursos que el campo argentino aporta a través de las retenciones (derechos de exportación) y el resto de los impuestos volvieran en obras y servicios a las áreas rurales, el éxodo se detendría porque se generarían las condiciones para un renovado desarrollo, la distribución poblacional sería más homogénea y todos tendrían mejor calidad de vida.

                                                    Y allí sí, quienes estén dispuestos a aportar su conocimiento y sus habilidades, más la imprescindible actitud de contribuir y ganarse la vida con su propio esfuerzo, serán más que bienvenidos e invitados a ser parte de la producción agropecuaria nacional.
Porque en el campo argentino hay grandes oportunidades si todos cooperamos para generar las condiciones propicias, basados en el respeto hacia los demás y en la retribución equitativa para reconocer el aporte para quien desee, genuinamente, trabajar.


                                                   Señor Presidente, le solicitamos que tome estas palabras como un aporte y las considere al momento de asumir iniciativas y decisiones. Nosotros, como argentinos que somos, trabajamos y vivimos del campo, hacemos nuestro aporte y queremos ser escuchados y valorados.


                                                  Atentamente,
                                                  Sociedad Rural de San Justo, Santa Fe.

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